Agua, luna y otros breves

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Agua, luna y otros breves

Autor: Borja Castellano

Fecha de lanzamiento: 29 junio 2026

Editorial: Editorial Cuadranta

Páginas: 70

Género: Poemario

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Reseña

Preciosa, magistral, excelente poesía contemporánea de raíz clásica, con una voz actual, clara y profundamente evocadora.

Un poemario que reivindica la lectura pausada y el valor de la palabra frente a la poesía de consumo rápido.

Mar, luna, ciudad, memoria y vida se entrelazan en unos versos breves que esconden mucho más de lo que parece.

Métrica clásica con una sensibilidad plenamente contemporánea.

Me ha gustado mucho descubrir este poemario porque, ya desde sus primeras páginas, he tenido la sensación de que Borja Castellano sabe exactamente qué quiere hacer con la poesía: recuperar el valor de la palabra, de la métrica y de la lectura detenida, pero sin escribir desde el pasado, sino desde nuestro presente.

El libro parte de un paisaje muy reconocible: la ciudad, el ruido, los edificios, la rutina, esa sensación de vivir demasiado deprisa. Y desde ahí comienza un viaje que poco a poco nos aleja de ese mundo para llevarnos hacia el agua, el mar, los ríos, la luna, la naturaleza y, en definitiva, hacia una mirada mucho más íntima sobre la vida. La propia estructura del poemario —Agua, Luna y Otros breves— acompaña ese recorrido.

Una de las cosas que más he disfrutado es precisamente esa combinación entre formas poéticas clásicas y lenguaje actual. Sonetos, octosílabos, romances y otras estructuras tradicionales aparecen aquí al servicio de una poesía que no busca sonar antigua, sino demostrar que esas formas siguen teniendo muchísimo que decir.

Y eso se nota especialmente cuando lees los poemas despacio. Porque muchos son breves, pero no son poemas de lectura rápida. Al contrario: algunos me han obligado a volver atrás, releerlos y detenerme en una imagen o en una palabra. Hay una poesía muy visual, llena de agua, sal, viento, luna, barcos, pescadores, casas, noches… pero debajo de esas imágenes hay también soledad, deseo, paso del tiempo, memoria, esperanza y esa búsqueda de algo que nos permita respirar un poco mejor.

Me ha gustado especialmente cómo el mar acaba convirtiéndose en mucho más que un escenario. Es libertad, viaje, trabajo, recuerdo y también destino. En poemas como Romance marinero o Romance del viejo pescador se percibe esa conexión con una tradición poética muy nuestra, mientras que otros textos, como Destellos o Casas que brillan, muestran una mirada mucho más íntima y contemplativa.

Y aquí creo que está uno de los grandes atractivos del libro: puede parecer sencillo en una primera lectura, pero tiene más profundidad de la que aparenta. No necesita grandes artificios para transmitir. Una casa iluminada, una gaviota sobre el mar, unos ojos, un viejo pescador o una noche de luna pueden convertirse en pequeñas puertas hacia reflexiones mucho mayores.

Además, el prólogo de Jesús Bergaz me parece muy acertado para entender lo que tenemos entre manos. Habla de Borja y de su voz como alguien que se escapa de la «granja del mundo moderno» hacia el mar, pero advierte también de que no encontraremos un paraíso edulcorado. Y creo que esa idea define muy bien el poemario: hay belleza, pero también dureza; hay luz, pero también sombra; hay mar abierto, pero también miedo y soledad.

Precisamente por eso me parece especialmente interesante la reivindicación que hace el autor de una poesía que no está pensada para el consumo inmediato. Agua, luna y otros breves se presenta como una defensa de la lectura lenta, de la palabra trabajada y de una poesía que pretende permanecer más allá del instante.

Y creo que lo consigue.

No hace falta ser un lector habitual de poesía para disfrutarlo. Sí hace falta, eso sí, darle tiempo. Leer algunos poemas, cerrar el libro, volver a ellos. Porque son versos que ganan cuando uno deja de intentar consumirlos y empieza simplemente a escucharlos.

Después de leerlo, me quedo precisamente con esa sensación: la de haber recorrido un camino que comienza entre el ruido de Madrid y termina mucho más cerca del mar, de la luna y de nosotros mismos.

Un poemario bello, cuidado y diferente, que reivindica algo que quizá necesitamos más que nunca: parar, mirar y volver a leer.

 

SINOPSIS:

Este libro comienza donde otros se detienen: en el ruido de una ciudad que es granja, yugo y semáforo, donde la esperanza ya solo tiene flecos. 

Un soneto inicial abre un hueco en el alambre, y por ahí se escapan el agua y la luna. Cada poema respeta una forma clásica española, como el octosílabo o el romance, y combina esa estructura técnica con un lenguaje que transforma lo cotidiano en lo eterno. 

Así pues, partiendo de un paisaje gris contemporáneo, el libro invita a un viaje a lo intemporal. 

Desde el apartamento de un bloque de Madrid, en busca de espacio para respirar aire limpio, nos trasladamos al agua, el mar, los ríos, con los oficios manuales tradicionales y de ahí, soñando a la luna, para volver a los destellos varios del camino. 

 

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